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Lo predijo Stephen Hawking y como casi todo en la vida, es difícil concretar si sucederá así. Pero lo que sí es seguro es que la forma de trabajar va a cambiar. De hecho ya empezó a cambiar con todo el uso de la tecnología. En 2018, el 29% de la actividad económica la soportaban automatismos. Y el proceso de sustitución por robots se está acelerando, de modo que, en 2020, esa cifra ya estará en el 42%. Con todo, el discurso oficial se sigue pareciendo a las anteriores revoluciones industriales, miedo y preocupación ante la sustitución de la fuerza laboral por diferentes tipos de máquinas.

Con todo esto, la destrucción de empleo es inevitable. Las tareas repetitivas no serán realizadas por humanos, pero lo bueno es que se abre un campo enorme para los creativos y supervisores. El Foro Económico Mundial predice una destrucción de empleo de 75 millones en los próximos 5 años. Y al mismo tiempo cree que se crearán nuevas funciones para un volumen de 133 millones. Total, una creación neta de 58 millones. La duda es dónde se va a crear y qué países estarán posicionados para ello. En el caso de nuestros dirigentes todavía hablan de que van a crear empleo, lo que da idea del error en el que se encuentran. Si están hablando de subir impuestos para mantener un sistema insostenible y no comprenden que se van a sustituir -se están sustituyendo ya- personas por máquinas, el futuro no parece que esté de nuestro lado.

Presionando a la empresa y a los consumidores para que paguen el dispendio y sus intereses, una situación que podría ser transitoria se convierte en crónica. Tendríamos que haber aprendido la lección con la mal llamada crisis financiera al ver que, aunque se inyecten miles de millones en un pozo, si es un pozo sin fondo no se resuelve el problema. El problema no eran las hipotecas subprime (de alto riesgo), el problema era que había personas, que trabajaban en puestos que empezaron a realizar robots y de ninguna forma iban a poder pagar esas hipotecas. Y comprendiendo además la velocidad de los ciclos, antes, de una revolución industrial a otra pasaban 70 años. Luego ya se suceden en 30 años…

La búsqueda de las empresas ya no es crear empleo, tienen que buscar ofrecer servicios. Un ejemplo fácil de entender es Uber, ahora contratan conductores, pero eso es temporal, en cuanto los vehículos sean autónomos, esos conductores le sobran, porque su objetivo es transportar a sus clientes de manera eficaz. Y lo mismo con los camioneros. Para esto queda no más de una década. Entre taxis y camiones hay unos diez millones de puestos en el mundo.

Lógicamente, los directores de recursos humanos tampoco harán el trabajo que hacen ahora. Todo este ascenso de la inteligencia artificial destruirá el trabajo precisamente entre las clases medias. La tecnología ya se ocupó de hacer desaparecer las cámaras de fotos, el vídeo, el teléfono tradicional, el GPS… donde teníamos un montón de dispositivos, que alguien había fabricado, para hacer diferentes cosas, ahora todas estas y más estan en el smartphone.